miércoles, 13 de agosto de 2014

El purgatorio de las ideas

“The Purge”, la película escrita y dirigida por James DeMonaco revela un argumento de crítica social profunda que se choca con una película previsible y que demuestra la mejor forma de destrucción de una original idea.





Si existiera un manual dedicado al seguimiento estricto de ítems que indiquen las diferentes formas de destruir buenos argumentos, la película de James DeMonaco sería el ejemplo claro y hasta brindaría las mejores herramientas de cómo hacerlo paso por paso. Que quede claro para el lector, que hasta el día de hoy estoy irritado por encontrar a esta película como la autora material de una idea que sin duda es interesantísima con un trasfondo político y social muy profundo que se plantea en un futuro distopico (no muy lejano) y termina siendo algo malo que merita salir insultando de la sala. Es sorprendente pensar que el encargado de la creación de la historia sea el mismo hombre que dirige este film y que sin duda es el mayor responsable en degradar su propio trabajo.

James DeMonaco que no acarrea mucha experiencia filmográfica en sus espaldas y tan solo alguna que otra intervención en el cine comercial de terror (influencia que erróneamente aplica en esta película) decide hacerse cargo del título “The Purge” (La noche de la expiación en español). El film se posiciona dentro del género de ciencia ficción y estuvo comandado por la mayoría del equipo de producción de “Actividad Paranormal”.

“The Purge” se centra en un contexto social distopico: Estados Unidos en el año 2022 se encuentra en el mejor momento económico al encontrar la solución perfecta a la oleada de crímenes y desocupación que azotan a la nación. La estructura política denominada como “Los Nuevos Padres Fundadores” descubren el equilibrio del país a través de una convención comunitaria de leyes que habilitan que una vez al año los ciudadanos se sientan en la libertad total de cometer delitos y soltar el salvajismo bestial que los domina, en actos que no serían castigados en un lapso de 12 horas.

La familia de James Sandi es la elegida víctima de este aniversario purgatorio y que en medio de la noche se choca con el conflicto de que su hijo en su intento de proteger un refugiado perseguido por una patota de asesinos burgueses, lo alojan en el interior de su casa. Los jóvenes ricos solicitan la entrega del protegido y a cambio no ingresarían a asesinar a toda la familia. Los Sandin se enfrentan a un noche larga.
La premisa es excelente. El espectador se siente entusiasmado. Imagina lo que la pantalla puede brindarle después de encontrar a este planeamiento conceptual algo de los que seguramente disfrutaran. Solo 15 minutos bastan para saber que nada de eso que pensamos sucederá, sino todo lo contrario.



El trasfondo sociopolítico nos atraviesa y reflexionamos sobre como una sociedad no muy lejana plantea desde sus representantes políticos y las ideas de una “democracia salvaje” los principios más tradicionales de la corriente Maquiavélica y el más crudo darwinismo social. El funcionalismo gubernamental que pretende construir una mejor nación eliminando las problemáticas de desocupación, pobreza e inseguridad nos propone una lectura de la herramienta política más pragmática que aquella famosa premisa de un tal Maquiavelo proponía como manual para los príncipes: “El fin justifica los medios”. La oportunidad temporal de canalizar la bestialidad sanguinaria que contenemos como una miseria de la naturaleza humana, se convierte en realidad en un proceso paradójico que pretende igualar las libertades legales con las libertades morales. El mecanismo es claro y cínico. La habilitación a una masacre popular legitimada legalmente pone en debate nuestra actitud ante la ley y nuestra consciente moralidad que implícitamente ante las normas nos ha formado un espíritu social civilizado donde creemos que matar no es el camino correcto. El trueque de libertad por libertinaje no es otra cosa que una anarquía sádica que dura 12 horas por año a cambio de una “nación renacida”.

El planteo sobre la posibilidad de purificar nuestras almas y calmar nuestra despiadada naturaleza violenta a través de una catarsis se confunde con la real intención de esta ceremonia anual: Una cuestión de clases. La sociedad burguesa disfruta desde el confort de sus sistemas de seguridad como la guerra de los de abajo se desata bestialmente durante toda una noche encontrando como razones la venganza, la necesidad de saciar la sed de sangre y diferentes justificativos que solo terminan de diseñar un panorama donde los pobres mueren y los ricos bajo el lema “ojos que no ven”… disfrutan de los privilegios económicos que la purga deja.

Este aspecto enfocado en los intereses económicos por sobre cuestiones humanas, donde los mecanismos políticos encuentran el amparo perfecto de “limpiar” las escorias sociales se ve sumado a la inmunidad de los mandatarios políticos más calificados a la hora de liberar la noche más bestial del año.
Y esto no acaba aquí. Encontré un elemento interesante que no pude captar en ninguna crítica sobre esta película y me gustaría analizar como la analogía precisa del cuento romano “Pan y circo” y un film que todavía guardo en mis retinas que es “Los Juegos del Hambre”. El discurso oficial del gobierno que precede a una alarma que inicia la noche purgatoria anual nos deja ver entre líneas como la jerarquía política y pequeños burgueses celebran colocando flores azules en sus casas el fervor apoyo a esta medida política sanguinaria, además de disfrutar de las imágenes del crimen callejero desde sus televisores, como se matan entre si las clases inferiores (Capitolio y sus distritos) y permitirnos visualizar en ello la cruel imagen de los reyes y nobles romanos que glorificaban el evento popular de las matanzas entre gladiadores en una arena.  

Me pregunto y les pregunto: ¿Cuánto de ficción y cuanto de realidad hay en esto? Se los dejo a su criterio.

Ya abandonando un poco esta profunda reflexión analítica que me urgía expresar, paso a detallar como un notable planeamiento histórico e impecable guion es desperdiciado inexplicablemente en un desarrollo previsible, sin mayores tensiones y agrados que terminan desilusionando y fracasando por completo. La falta de una estructura de género (terror, drama, suspenso, ciencia ficción) no es un error preciso pero si falla en no delinear una clara idea de lo que se pretende narrar, ajustándose a la idea central del argumento. El recurso de terror agotado en las escenas de pánico e incertidumbre no es muy eficiente, aunque si cumple la cuota de suspenso por algunos momentos. Solo la siniestra y sombría presencia de los asesinos es la que contagia instantes escalofriantes, pero no mucho más. La historia podría girar hacia un costado dramático, teniendo en cuenta el contenido sociopolítico y polémico en el que se plantea el contexto, pero al contrario elige otros rumbos y se queda a mitad de camino dejando varios cabos sueltos. En cuanto a este último punto tengo que decir que es un logro encontrar una renovación dentro del género de la ciencia ficción que no se ampara en recursos tecnológicos y cibernéticos para expresar una sociedad distopica, sino que su argumento se sostiene de tan solo recursos políticos sostenidos en lo que Darwin nombraba como la “ley de la selva”.



En cuanto a la intención de provocar miedo los recursos cinematográficos de la narrativa terrorífica que se desprende de los interiores: Estilo Actividad paranormal solo alcanzan para pagar algunas cuotas de suspenso y tensión estereotipada hasta el cansancio, con la clásica formula de silencio-oscuridad que solo por momentos atrapa. A esto hay que sumarle los primeros planos constantes de visión nocturna.  Si hay algo que positivamente rescato para favorecer la intención de asustar,  es el escalofriante cinismo y profundidad siniestra que tienen los asesinos con máscaras.



 Algunas escenas de acción son correctas pero se deconstruyen y caen en la banalidad cuando comienza a ser “superprevisible” en la clásica “salvación en el justo momento del que no estaba allí y casualmente aparece” (más de tres veces sucede).

Al finalizar la película me quede con la sensación de que el director fue egoísta y en eso me refiero a la mezquindad y egoísmo comercial en minutos fílmicos, donde el argumento queda como superficial al no darle la vuelta a cuestiones centrales como la razón del elitismo social de asesinar, o la simpleza de derribar un sistema de seguridad que funciona en un 99% e ingresar al hogar sin problemas. La falta de profundidad sobre la necesidad del elitismo social de purgar o el mejor conocimiento de la humanidad de los personajes es algo con lo que me quede pensando y que se pudo haber hecho zoom como algo interesante. Pero está claro que James DeMonaco no capta las locuras de este humilde escritor de blog y que mucho no debe importarle después de haberse llenado los bolsillos consiguiendo triplicar el presupuesto invertido en el film.


Se ve que la sangre vende y las ideas se purgan.




lunes, 28 de julio de 2014

Retrospectiva Nolan - El recuerdo de la primera vez

Memento: Un rompecabezas de la mente

El thriller psicológico de Christopher Nolan nos invita a reconstruir las piezas de una historia atrapante que reflexiona sobre los sentimientos y la memoria.

Hasta hace poco tuve el agrado de comentar esta increíble película con una amiga y desde allí me concentre en dedicarle un humilde espacio a la obra sensacional de Nolan. El segundo arribo del prestigioso director de la trilogía de el Caballero de la Noche me impulso ha no solo invitar a desmembrar cada pensamiento de “Memento”, sino también a extenderme para conocer el estilo de este gran cineasta y más adelante analizar el éxito artístico de su carrera filmográfica con títulos como “El Origen” o “El Gran Truco”. Mientras tanto los dejo con “Memento” y el primer acercamiento al mundo del brillante Christopher.




“Memento”, el segundo trabajo cinematográfico que lo pone  en el firmamento hollywoodense como un director prestigioso, es sin duda su primer arribo hacia la profundidad psicológica y los enigmas de la mente. Este estilo marcaría su más alto nivel artístico, con su antecedente “Following” y sus siguientes películas, “Insomnia” y “El Origen”. La historia dirigida y escrita por Christopher está basada en el libro de su hermano Johnatan, llamado “Memento Mori” (en latín significa, “Recuerda que vas a morir”). El elenco es de poco renombre, pero con acertadas y cumplidas actuaciones como la del protagonista, Guy Pearce, y su compañera de reparto, Carrie-Anne Moss. Esto habla de una producción de bajo costo que roza la tradición del cine independiente, pero con un potencial argumentativo que le valió justificadamente nominaciones a los Oscar y los Globos de Oro (por guion y edición), además de otros galardones en diferentes festivales.

Nolan nos invita a explorar los laberintos y profundidades del complejo mundo de la mente, más precisamente de la memoria. Leonard (Guy Pearce), el protagonista de la historia, sufre un daño cerebral denominado amnesia anterógrada que ataca su memoria de corto plazo y que le impide tener recuerdos nuevos.  Esta condición mental lo obliga a seguir una rutina sistemática y naturalizar un mecanismo de recuerdo para cada día, que consiste en tener fotografías y descripciones detrás de ellas, hasta tatuajes en su cuerpo con información de todo lo que es” importante” y le sirve para no olvidar . Esta disciplina es clave ya que luego de que un lapso 30 minutos él pierde esos recuerdos recientes. Esta enfermedad se origina por un golpe que sufrió en la cabeza la noche que violaron y mataron a su mujer. Ese es su último recuerdo del pasado y a partir de ese hecho, su razón de vida será cobrar venganza por aquel asesinato.



La película es un rompecabezas. Porque la fantástica narración de la historia consiste en una línea temporal que se divide en dos partes. La separación está cuidadosamente realizada a través de un excelente trabajo de edición, que muestra la vida pasada del personaje en blanco y negro y en tiempo continuo, mientras que el relato visual de colores propone una dinámica temporal diferente, pero que hay que ir conectando con el correr de los minutos. Esta forma narrativa es un total desafío para el director que no solo lo realiza bien sino que lo potencia con un contenido atrapante y convulsivo, que nos mantiene sin parpadear hasta el final. Cada escena no tiene desperdicio alguno y todo lo que sucede es importante, por ello la atención del espectador debe ser máxima, para comprender y unir las piezas del thriller.

El golpe más fuerte y valorativo es la importante reflexión sobre el valor de la memoria y los sentimientos. Aquí me detengo a reflexionar profundamente en cómo trabaja Nolan (con un impecable guion) los mecanismos más frágiles de la estructura psicológica y nos permite entender como el ser humano a veces no tiene en cuenta como todo lo que sentimos es equivalente a lo que recordamos. ¿Por qué nos reímos tanto de esa anécdota tan graciosa que nos contamos cada Navidad cuando se reúne la familia y que paso hace 6 años? ¿Cuál es la razón de llorar al recordar a aquel amor perdido en el verano pasado? ¿Por qué nos sonreímos tanto cuando repasamos el álbum de fotografía y nos ponemos a pensar como paso tan rápido el tiempo? ¿A qué se debe la alegría de sentir los brazos de un hijo cuando jugamos con él? Todo esto cotidiano que atraviesa nuestra vida es controlado por la capacidad de recordar esos momentos y recordar que sentíamos en ese momento. Si de repente nos arrancaran aquellos instantes, no entenderíamos porque esa anécdota es tan graciosa o porque esa foto nos causa tanta tristeza.



El personaje no sólo sufre la imposibilidad de retener nuevos recuerdos, sino que es incapaz de entender cada sentimiento que lo atraviesa. Él no sabe por qué está enojado o feliz, cada segundo de su vida va consumiéndolo en sentimientos fugaces que luego olvida, atrapado en un laberinto de imágenes y tatuajes que solo le recuerdan que debe hacer algo con esas señales. Lo único que lo mantiene vivo es ese amor difuso por su esposa y el dolor de su muerte, que justifica su deseo de venganza insaciable que sería la pieza necesaria para terminar de armar el rompecabezas de su injusta vida. Esa venganza y la sed de sangre es lo único que lo mantiene en pie. Es solo un sentimiento lejano el que lo hace sobrevivir entre tantos otros inexplicables que se le escapan como los granos de arena de un reloj, hasta que cae el último de los segundos agotándose el tiempo y de repente ¡pum!, volver a empezar, preguntándose “¿Por qué estoy corriendo? ¿Estoy persiguiendo a ese sujeto? Ah no, él me está persiguiendo a mi”  (Escena impactante de la película).

Es esto lo que me gusto rescatar de una obra magnifica de Christopher Nolan, que no solo nos deja interpretar los más misterioso de la mente, sino que lo narra de una forma increíblemente bien lograda. El libro de su hermano como la película son de indiscutible recomendación, además de por supuesto legitimar a este gran director del que seguro estaré escribiendo más adelante, ya que toda su filmografía es de una imperdible satisfacción artística.







sábado, 12 de julio de 2014

La lagrima mecánica


La reciente película protagonizada por la pareja juvenil de Divergente, llego a los cines para deshidratarnos a llanto con un relato dramático sobre el cáncer y un amor inusual





“Bajo la misma estrella”, historia basada en la novela homónima de John Green, llega a las pantallas grandes de la mano del director Josh Boone y poniendo a la dupla estelar juvenil del momento: Shailene Woodley y Ansel Elgort. Boone encara su segundo proyecto cinematográfico, con la comedia romántica “Stucke in Love”, protagonizada por Natt Wolf, a quien volvería a convocar para esta película interpretando al carismático y gracioso Isaac. Sin muchos más datos específicos sobre la película, cierro este primer párrafo informativo, agregando la aparición del consagrado William Defoe que se pone en la piel del escritor Peter Van Houten.


La desgarradora historia de “Bajo la misma estrella” tiene como punto central la sensibilidad a carne viva. Hazel Grace y Augustus Waters arrastran una afeccion cancerígena, en ella su cáncer de tiroides y problemas respiratorios la obligan a llevar un tanque de oxígeno a donde vaya, y Gus con una osteosarcoma que lo encuentra con el reemplazo de su pierna por una ortopédica. El escenario se completa con el mejor amigo de Gus: Isaac, con quien comparten los momentos más graciosos de la película, dejando leer también la conformación de una fuerte amistad. Hazel Grace es quien narra la historia de su vida, marcando la relación con Gus como la parte más trágica y feliz de su vida. Interesante paradoja.



Para comenzar a profundizar y darle la vuelta analítica a este film me parece correcto mencionar la explicación de mi título. Poco tiene que ver con la película del gran Stanley Kubrick, pero si se encuentra argumento al concepto mecánico al que recurro cuando digo que “Bajo la misma estrella” va creando un climax forzado de escenas donde el espectador parece obligado a soltar una lagrima. Desde el comienzo es constante la marcada utilización de los primeros planos para fortalecer los diálogos sensibles y emotivos, acrecentando en las caras de los personajes principales un espejo de tristeza y pena que al espectador sin duda conmoverán por lo menos un poco. Lo malo de esto es que sea repetitivo y que no sea sorpresa en ninguna escena, a pesar de que lo que esté sucediendo es un dramatismo profundo. Además hay que señalar el condicionamiento previo del espectador, al saber que esta película ha sido increíblemente inflada y vendida por toda la prensa como la causante de inundaciones de lágrimas en todas las salas norteamericanas. Crean o no, esto condiciona bastante y desilusiona si el resultado no es el efectivo, pero no es de mucha importancia. Es necesario aclarar, que estos argumentos no son los primeros en el cine, pero si resulta muy polémico el instalar la temática del cáncer en estos tiempos. Este es el ingrediente certero y que seguramente inflara los bolsillos de los encargados de filmarla.


Y entonces nos preguntamos ¿Esta peli ya la vi? Seguramente si la vimos, si apelamos a las historias más melosas de protagonistas jóvenes que culmina con tragedias inexplicables. Pero hay algo más que podemos pensar con “Bajo la misma estrella”: El humor. El humor como giro ligero a un argumento que pretende dibujar algunas sonrisas antes de romper en llanto y hundirnos en la tristeza de los personajes. Es sin duda este el punto más fuerte que destaco y los hago cargo totalmente a los personajes de Gus e Isaac, tan bien interpretados por Wolf y Elgort. La humanidad optimista, carismática y esperanzadora que iluminan un camino tiene un final trágico, embellecen la pantalla con algunas ilusiones de salvación, que poco a poco van agotándose, pero que por lo menos dejaron reír fugazmente y equilibrar el oscuro futuro. He aquí, la fórmula que convierte al relato en más que una película análoga a la tragedia del amor sheakesperiano. La idea está plasmada en enamorar al espectador, y derrumbarlo por completo luego. Algo positivo que marcar en cuanto al dinamismo y mantener en vilo al espectador.



Me encantaría marcar algunas reflexiones interesantes, partiendo de las premisas de Hazel Grace. En una parte ella dice “Lo peor para mis padres es saber que yo me voy a morir antes que ellos”. Argumento implícito desde que le diagnosticaron la enfermedad terminal del cáncer, y donde su único objetivo es disminuir la cantidad de víctimas afectadas luego de su “explosión”.  Me permito aplicar esta analogía de la línea biológica padre-hijo, para explicar la relación que mantiene con Augustus. Ella como protagonista sentí que concibe a Gus (tal como si fuera su hijo) y decide adoptarlo en su vida como alguien importante. Se enamora y comienzan sus primeros miedos:Convertir a Gus en la victima más sufrida al final del camino. Pero sin embargo la fuerza de crecer con la única persona que puede corresponder sus sentimientos, es la que la hace continuar (la esperanza de convivir en un pequeño infinito). Ambos son conscientes del reloj de arena en el que viven, y también saben de qué no hay muchas esperanzas de que alguien pueda darlo vuelta, y así continuar. Pero el enigma está en quien llega a la meta primero. Y es allí donde se explica la analogía, cuando Hazel comienza a ver que el deterioro de Gus es progresivo y comienza a prepararse para su partida, algo impactante que no esperaba vivir, pensando que sería al revés. Tal cual piensan los padres cuando inician el camino de sus vidas acompañados por sus hijos.


Este pensamiento es el que más me marco dentro del relato, y necesitaba compartir la reflexión sobre como la vida a veces esquiva los destinos predeterminados, y como enfrentamos a la muerte como algo asegurado desde que nacemos. Esa es la premisa por la que reza Hazel: El fin indiscutido. Sea por lo que sea todos desaparecemos, dejando o no huella en este mundo, olvidados o recordados, todos nos vamos (idea que choca con la de Gus en la intención de quedar en la memoria universal). Una cuestión existencialista clave dentro de las sociedades occidentales, que tanto temen a la muerte y prácticamente no hablan.



Recomiendo totalmente esta película, y a aquellos que les haya gustado, que lean el libro, para encontrar otras miradas y reflexiones diferentes, que a veces el cine no termina de expresar. Las lágrimas forman parte del engranaje visual, pero eso no es razón para empañar un buen trabajo fílmico y correcta adaptación de guion.



"EL DOLOR DEMANDA SENTIR .Y SI NO HAY DOLOR, ¿COMO CONOCERÍAMOS EL PLACER?"

-Pelipensamiento

miércoles, 2 de julio de 2014

Hollywood segun Woody


Woody vuelve a protagonizar una película, esta vez en una poco entretenida comedia sobre un neurótico director de cine.

Antes de comenzar con la critica, tuve el agrado de observar el documental dirigido por Robert B. Wide, titulado "Woody Allen: A documentary". Uno de tantos reconocimientos y recorridos por la carrera del artista neoyorquino que no solo se convirtió en una figura destacada del cine norteamericano, sino que su prestigio le valió para instalarse como uno de los directores mas influyentes del universo cinematográfico en la historia, es el argumento central del trabajo de Wide. Sin embargo, el documental no solo tiene en cuenta la amplia trayectoria filmografica del genio, sino que también hace foco al rol de comediante, escritor y músico en los que se ha perfeccionado Woody, dejando presentar al mundo, a lo que yo denomino un verdadero ARTISTA.


Sin embargo, a igual que sucede con muchos de los faros que iluminan el océano inmenso de Hollywood, y mas precisamente a los pertenecientes de la escuela indi, van sufriendo a lo largo de su carrera, algo que estuve reflexionando hace poco y lo llamo un proceso de mecanización. Diferentes referentes y universalmente reconocidos por su autoria (destacados del cine moderno) como Scorsese, Coppola, los hermanos Coen, Danny Boyle, Clint Eastwood y tantos otros, han experimentado una especie de metamorfosis progresiva, y en otros casos estacionaria, que desencadenaba en la perdida de la huella de estilo subordinada por un producto de lógica industrial. Que han pertenecido siempre a la industria no quedan dudas, no se discute. Pero siempre se supo que a pesar de pertenecer al terreno hollywoodense siempre mantuvieron el prestigio y las libertades de construir historias independientes del mercado audiovisual y hasta arriesgar venta de taquillas por el deseo de elaborar una obra artística. Y a pesar de ello, hay ciertos tropiezos o interrupciones en sus carreras, donde sin razones bien explicadas o por diferentes cambios en los rumbos narrativos y la busqueda de otro estilo, han renunciado a su firma de buen arte, entregandose a ordenes comerciales de lógica consumista o "pochoclera" en las que mandan los grandes estudios de Hollywood. La justificación a esa perdida no es la posibilidad de un nuevo destino, sino mas bien una presión avasallante de la industria sobre los caminos de la autoria, que principalmente se destaca en los primeros filmes de los representantes de la escuela indie.


En este contexto pretendo criticar y explicar la película de Woody Allen, que a pesar de que considero un gran artista y al que respeto como cineasta, ha pasado por el proceso de mecanización convirtiendo de sus films tan característicos, un producto mas.


En su universo particular, Woody Allen no para de incursionar en su vasta carrera como cineasta y esta vez no fue la excepción. Tal cual hiciera en sus éxitos artísticos como “Hannah y sus hermanas”, “Roma con Amor” y los “Secretos de Harry”, encontramos en “Un final made in Hollywood” la narrativa woodyallense un poco repetitiva y sin el golpe humorístico y entretenido al que nos tiene acostumbrados con sus comedias.


El filme “Un final made in Hollywood”, estrenado en 2002 y protagonizado y dirigido por Woody Allen, acompañado actoralmente por Tea Leoni, cuentan la extraña vida de un flamante director de cine, Val Walxman (Woody Allen), que luego de su majestuosa trayectoria cinematográfica y dos Òscar se encuentra en el total fracaso laboral, realizando publicidades de poca monta. Además, sufre que su ex esposa se ha haya ido con un exitoso productor de Hollywood. Su ex esposa Ellie (Tea Leoni), reconoce sus dotes artísticos, y escribe un guion que resulta ideal para la dirección de Val. El hecho de que antes del rodaje, el director se quedara ciego inicia una frenética desventura de hechos que lo harán filmar la película a pesar de su ceguera.


La característica marca del neoyorquino ha sido un emblema dentro del cine norteamericano, y su vasta filmografía la justifica, pero que en esta película falló. La trama se desarrolla bastante naturalmente, sin altibajos impactantes y su clásico humor hilarante o sutil no logra el efecto humorístico logrado tan bien en “Hannah y sus Hermanas” o “Los secretos de Harry”. La historia del director o escritor frustrado y atormentado por ciertos problemas psicológicos o de pareja ya son un personaje fetiche del cineasta, y en este caso la construcción de Val Walxman no logra la efectividad de los otros y tampoco su historia la potencia.




El argumento es realmente interesante y la idea de expresar la realidad de las producciones hollywoodenses en un subliminal sentido crítico, mezclado con humor, pierde fuerza con diálogos débiles y escenas vacías que hacen la historia aburrida. El recaimiento en más de lo mismo, sin lograr dibujarnos una sonrisa es lo que hace que una gran idea argumentativa no nos termine de satisfacer. El contenido y su idea es clara pero la forma de expresarlo no es la mejor y es allí donde el espectador se siente desilusionado. Sin embargo, algunos puntos a favor se dan en un guion que resalta la crítica y cierta lectura reflexiva sobre el disparatado mundo de las producciones de Hollywood y todos los hechos por detrás de cámara que hacen a la realización de la película y que raramente conocemos.



Sin lugar a duda, “Un final made in Hollywood”, es una de las realizaciones que dejan mucho que desear dentro de las grandes obras del director neoyorquino, y por ello también está justificado que sea un film tan poco conocido y casi perdido en la biblioteca filmográfica de Allen.


miércoles, 18 de junio de 2014

Mucha sangre y poco drama para una venganza...



 “Oldboy: Días de Venganza”, dirigida por Spike Lee, es una película de potente argumento poco aprovechado, que derrama mucha sangre para justificarlo





Para aquellos que desconocen al director de esta película, es bueno aclararles que Spike Lee es uno de los selectos y pocos directores de la escuela “indie” que ha entregado Hollywood a lo largo de su historia, poco reconocido dentro del espectáculo cinematográfico. Su recorrido filmográfico ha juntado algunos éxitos taquilleros como “Malcom X” (en el que también actúa) y el thriller de acción “El Plan Perfecto”, protagonizado por Denzel Washington y Jodie Foster,  que es tal vez su película más conocida. “Oldboy: Días de Venganza”, el último film del director, es una remake de la segunda parte del manga surcoreano “Trilogía de la Venganza”, que se denomina de igual forma  y estuvo dirigida por Park Chan-Wook. Spike Lee no logra darle el golpe justo a una historia de venganza que se conforma haciendo negocio con la violencia excedida sin un argumento fuerte que acompañe.


La historia narra la vida de Joshep Doucett (Josh Brolin), un alcohólico ejecutivo de una empresa de publicidades que no sólo es un desastre en su vida laboral, sino que acarrea los conflictos de divorcio con su ex mujer, con la que comparte a Mía, su hija de 3 años. En medio de su desastrosa y vergonzosa vida, luego de una noche de borrachera, es extrañamente secuestrado. Sin saber por qué, pasa los próximos 20 años solo en una habitación con una cama, baño, televisión y su única relación con el exterior es cuando le pasan comida por debajo de la puerta. Su vida allí dentro se convierte en un martirio cuando por televisión puede ver que es el culpable de la violación y asesinato de su mujer, pocos días después a cuando fue secuestrado. Luego de cumplir su condena, es liberado, y está dispuesto a ver correr sangre para encontrar al culpable de su sufrimiento.


El enigmático secuestro a Joseph Dusset y las razones de su encierro torturador durante dos décadas son el hecho argumentativo más potente y que le permite al espectador al menos llegar al final de la película. La fuerza de la intriga y la intrincada historia del personaje nos invita a ilusionarnos con una película que puedo haber resultado más interesante de lo que en realidad es.





El error de Spike Lee está en que no logra darle forma a su contenido y a raíz de ello nos encontramos con una narración vacía de drama, con mucha acción sangrienta que trata de saciar la sed de venganza del personaje. Los 105 minutos de la película no son aburridos, pero sí decepcionantes. La trama es misteriosa y combina mucha convulsión y agilidad por momentos, pero termina cayendo en un lamentable giro dramático que no compensa para nada los litros de sangre que la pantalla refleja. La venganza furiosa y desatada por Joshep es exhibida en impactantes escenas de acción con demasiado morbo, típico del cine de Tarantino, pero que poco se acerca al argumento del prestigioso director de cine, recordado por su excepcional trabajo en los dos volúmenes de la sangrienta “Kill Bill”. La sangre sobra. La tortura de sus víctimas son los elementos más impactantes en lo visual, logradas con aceptables peleas clásicas de acción, pero que no alcanzan para rematar una historia dramática que por su argumento podría haber sido mas profunda


Las historias de venganza en el cine son incontables y sin duda lo primero que recuerdo, como dije anteriormente, es a la sangrienta Uma Thurman en su mítico papel en “Kill Bill”, pero en realidad a “Oldboy” le faltó mucho para acercarse a la magnífica película de Tarantino. Lee no logra que su personaje contagie el deseo asesino al espectador a través de la historia y las razones que lo llevan al impulso vengador, como si sucede con Beatrix Kiddo y su ansiosa sed de sangre a aquellos que arruinaron su vida. El principal punto es que Tarantino derrama sangre (mucha) pero ofreciendo un contenido magnifico de fondo, a kilómetros de la violencia de pocos motivos que presenta Lee.



Si hay algo muy positivo para marcar, es para mí la correcta actuación de Brolin en su papel como el sufrido Joseph Dusset. Recordado como fetiche actoral de los hermanos Coen, en una de sus tantas historias, típicas del cine negro como “El Gran Lebowsky”, en esta oportunidad nos ofrece un despliegue físico excepcional cuando debe poner el cuerpo en cada escena de acción, a pesar de que ya tiene bastantes años para ello. Su postura dramática y su papel de “duro” es también para destacar


En fin, si se quiere pasar el rato es recomendable. Si se quiere ver algo bueno, la historia surcoreana en la que está basada la película puede resultar más interesante.




miércoles, 11 de junio de 2014

Algunas reflexiones y rumbos nuevos...

Bueno, regreso a publicar algo después de tres días de la última entrada dedicada a la reciente película de los hermanos Coen “Inside Llewyn Davies”. No tengo bien definido cuales son los motivos de esta entrada, pero me senté a reflexionar un poco sobre las riendas que quiero tomar con respecto a este espacio y por eso he tardado en regresar a la escritura de algo nuevo, además de que otros tiempos y razones particulares no me han permitido que pueda dedicarle minutos serios a esto que considero un campo reflexivo. Como dije anteriormente, las últimas dos publicaciones están dedicadas a criticas/comentarios sobre dos films que hace poco vi y tanto me gustaron que casi me sentí obligado a escribir sobre ellas, sobre todo por mi necesidad imperiosa de expresar una opinión acerca de lo que me había parecido, y de paso recomendarlas absolutamente. Comento esto, ya que quiero retomar el punto de vista que había definido en un principio sobre este blog y la postura que pretendía tomar en cuanto al objetivo de mis publicaciones. Mi foco estaba en otorgar un espacio que invite al PENSAMIENTO, LECTURA, ANALISIS Y REFLEXION del cine, tomando ciertas películas, directores e historias que puedan dar sostén a ese objetivo. Me carcome la cabeza la idea de implementar algo nuevo que pueda encontrar otros caminos alternativos y circuitos diferentes que piensen el cine de una forma distinta a los millones sitios especializados, revistas y medios informativos que se multiplican a lo largo y ancho de la red cultural de Internet.

No me preocupa tener pocos lectores, ni tampoco pretendo conformar una revolución del pensamiento cinematográfico, pero si desde mi humilde posición pretendo aportar algo nuevo que pueda llamar la atención de algunos apasionados y locos del mismo palo, además de seguir enamorándome cada vez más del séptimo arte.

Todo esto lo pude haber dicho al principio, pero hasta este momento no se me había ocurrido reflexionar así, por eso voy a tomar estas palabras para ajustar mi perfil y seguir una línea de pensamiento que aunque no conforme o guste me basta con que me satisfaga a mi mismo.

A aquellos que han tenido la oportunidad de ir leyendo lo que escribo podrán identificar que tengo una clara influencia de raíces cinéfilas de la escuela nortemericana, pero que me parece mejor nombrarla como escuela indi de Hollywood. Admito que mucho de lo que consumo proviene de producciones americanas y que no he experimentado otros cines como el latinoamericano, argentino u de otras ramas culturales. Pero quiero aclarar que ello no me hace un partidario del universo comercial y de la avasalladora industria cultural que subordina a otras manifestaciones artísticas.

Todo este preámbulo es necesario para expresar que mis claras intenciones están en demostrar el costado artístico de los autorismos, proponer lecturas o debates desde esas miradas de autor e invitar a todos a reflexionar sobre las temáticas que un film puede disparar sea del origen que sea, buscando la forma de liberarse de los modelos prejuiciosos que señalan “esto es así, no lo veas. Y lo otro así, entonces míralo.


En conclusión para que este discurso ya no se torne aburrido y el lector piense que el que escribe es un bohemio que se pierde en sus pensamientos, voy a finalizar prometiendo que seguiré algunas pautas de forma/contenido que espero que resulten originales y puedan cumplir con lo tanto que vengo diciendo en párrafos anteriores. Continuare con críticas y comentarios sobre películas que vaya viendo y desde ahora me comprometo a realizar un recorrido profundo sobre el pensamiento de ciertas películas, tomando directores específicos y narrando las influencias que han tenido sobre mí y el cine universal. Pero bueno eso es una sorpresa y es prácticamente lo que anhelo que sea el objetivo de este blog, buscando la reflexión y el PELIPENSAMIENTO.





sábado, 7 de junio de 2014

Los Coen se suben al escenario...

Los hermanos Coen vuelven al ruedo y esta vez mostrando un costado diferente en sus historias: La música. Narran la desdichada historia de un cantante de folk que vaga por las calles de Nueva York, tratando de encontrarle un sentido a su vida

Si hablamos de cine de autor, hablamos de la dupla de directores más reconocida por pertenecer a esa línea de cineastas modernos. Los hermanos Coen, se han ubicado en el palco artístico de Hollywood merecidamente, con una vasta filmografía que no solo justifica su prestigio, sino que brilla en el firmamento cinéfilo, basado en la construcción de un estilo particular.  Para aquellos que no saben o tienen poca referencia con respecto a los directores Joel David Coen y Ethan Jesse Coen, hay que aclarar que hablamos de dos genios del cine independiente moderno. El trabajo de los hermanos Coen, desde sus inicios han acarreado con aplausos y éxitos la mayoría de sus películas, logrando cuatro veces el Oscar. La autoría como firma, ha traído a pantalla la marca del cine negro combinado con los western y la comedia, en donde se han glorificado con películas como “El Gran Lewobski” (la mejor sin dudas), “Sin lugar para los débiles”, “El hombre que nunca estuvo allí” y “Fargo”, entre otras obras maestras. El guion, dirección y producción son las áreas que se reparten normalmente, pero más allá de la estructura formal de trabajo, ambos han revolucionado el cine y se han consagrados como excepcionales artistas de la ficción.
Los Coen han recorrido historias y géneros de diferente tono a lo largo de su trayectoria cinematográfica, y en esta oportunidad buscan alejarse del clásico western y la comedia negra propia de su estilo, para ubicar a “Inside Llewin Davis” como la representación profunda de los mecanismos e historias del contradictorio mundo de la música, especialmente el de la música folk. El nuevo film de los hermanos está basado parcialmente en las memorias “The Mayor of McDougal Street” del músico Dave Van Rock. La correcta actuación de Oscar Isaac y el acompañamiento actoral de Carrey Mulligan y Justin Timberlake, redondean un argumento dramático de profunda reflexión y pensamiento.
El relato se centra en la desastrosa y enredada vida Llewyn Davies, un cantante popular de música folk que vaga por los bares de Nueva York en 1961. Luego del suicidio de su compañero de dúo se convierte en un solista sufrido que busca encontrarse a sí mismo con lo único que encuentra como salvación en su vida: La música. El trágico hecho de la muerte de su compañero, lo hunde en una profunda frustración que lo desorienta totalmente y lo obliga a vagabundear por las calles frías de Nueva York con su guitarra en la espalda, rogando sillones de las casas de sus amigos para pasar la noche. Sin dinero, ni proyectos, lo único que tiene es la esperanza de éxito de su último disco “Inside Llewin Davies” que exhibe como solista y nadie ha reconocido aun. A la espera de ese utópico sueño de éxito musical, se conforma con algunas monedas y cálidos aplausos que consigue cantando en el precario bar de su amigo Pappi Corsiatto. No solo su fracaso musical lo perturba, sino que el enfrentamiento a un embarazo no deseado con la novia de su amigo y el rechazo de su hermana como única familia, se suma a una vida llena de problemas, donde la paradójica compañera y culpable de sufrimientos, parece ser la música.
La música como máximo exponente argumentativo, es la forma armónica precisa que enaltece a la película de los Coen. El recurso musical no solo está puesto como una herramienta que acompaña la narración, sino que es el centro de la misma narración. Este es el objetivo más logrado del film. La vida dramática y sin consuelo del protagonista se encuentra con la más precisa radiografía de lo que significa la música como un mundo de exitosos y excluidos. Es sabido que la gloria de unos pocos es la marginalidad de otros. La instalación subliminal de un debate eterno que pone a la música en el medio del abismo y la lucha entre lo comercial y lo artístico, representa una proyección crítica hacia la sociedad moderna que decidido deslegitimar la producción artística en pos de intereses mercantiles de algunos pocos. El folk como elemento artístico rechazado y subordinado a algunas minorías subalternas por las industrias de la música comercial, es el ejemplo más claro de esta dicotomía que la vida de Llewys representa.
Actoralmente, los papeles son correctos y buenos, valorando principalmente a Oscar Isaac en un desafío riesgoso de aparecer en todas las escenas con un despliegue aceptable. Agregar la mínima aparición de Timberlake como un claro guiño a esa relación reflexiva planteada por la película, donde se ve el contrapunto de aquellos exitosos en la música que miran desde arriba a aquellos que sueñan con llegar algún día a concretar sus ansiados sueños de cantante.

El guion es otro punto positivo que siempre ha figurado como marca registrada de la autoría de los hermanos, aunque en algunos puntos de este film resulta denso y un poco aburrido que al espectador poco entusiasmado puede provocarle algún bostezo. Más allá de eso, cada minuto y cada escena son de una profunda reflexión y placer, donde lo primero que se nos tiene que venir a la cabeza es que a pesar de que nos convenza poco el argumento es necesario ser paciente y esperar, por el solo hecho de que los Coen son garantía de buen cine.