jueves, 19 de febrero de 2015

Bichos raros...



Antes de comenzar con las lecturas de los dos films que nos respectan, me permitiré comenzar con una reflexión acerca de lo que tantos sitios especializados, noticieros y diferentes medios han catalogado como el “fenómeno del biopic”, en un contexto particular que incluye el periodo previo a la auto celebración del cine norteamericano, conocido como los premios Oscar. Quisiera brindar mi opinión con respecto a este fenómeno que hoy tiene cita en la privilegiada selección de “mejores películas” según el jurado , y decir algo más de este formato que tanto agrada a los miembros de la honorable Academia. De acuerdo a la sorprendente cantidad de selecciones vinculadas a este estilo biográfico, tengo que decir que ninguna está a la altura de lo que a mí respecta a una de las películas más logradas y considerada obra maestra, no solo en este género, sino en la cinefilia internacional, como lo es “La Red Social”, dirigida por David Fincher.

Tengamos en cuenta que biopic en su significado original refiere a “película (picture) de vida (bio)”, en donde las características o componentes centrales deben girar en torno al relato biográfico de un personaje en especial que pertenezca a la realidad. A diferencia de un documental, la biopic se permite la libertad de ficcionalizar los hechos y construir una trama fiel a lo que sucedió pero con ciertas licencias artísticas utilizando diferentes recursos cinematográficos ya sea desde el estilo formal, la estructura narrativa o el foco de autoría que se le dé al contenido. Por supuesto que el relato siempre debe mantenerse en la línea de lo políticamente correcto conocido como “verídico” o “basado en hechos reales”. Es así que a lo largo de toda la historia del cine se han llevado a la pantalla historias sobre vidas especiales y personas de interés popular, convirtiéndose en una tradición que muchos autores, productoras y empresas modernas han convertido ahora en un negocio rentable.

Nombraba anteriormente a la obra maestra de David Fincher, “La Red Social” para dar como ejemplo artístico, un verdadero modelo del formato biopic que no solo ha respetado todos sus componentes, sino que es una película clave que debe estar en cualquier lista de cinéfilo y público en general. La vida centrada en el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, supo equilibrar un relato de vida, con ciertos elementos ficcionales, pero enfocados en narrar una historia atrapante que no busca el golpe bajo, la emoción melodramática y las granadas lacrimógenas a las que se  acostumbraron a estereotipar los estudios de Hollywood a la hora de realizar un biopic rentable. David Fincher, es un cineasta que no solo supo darle su perspectiva personal, sino que respeto la estructura biográfica e hizo un film de guion sólido, de apabullantes interpretaciones y múltiples premios que gano merecidamente,  y en los que por supuesto el que mas triunfo fue el séptimo arte.
En ninguna de las películas seleccionadas este año se puede visualizar una esencia artística semejante a la obra de Fincher, y ni siquiera cerca de algún punto alto por lo menos desde lo estético. Sin duda alguna, en mi opinión las mejores obras de este año han sido realizadas desde la ficción (BoyHood, Gran Hotel Budapest, Birdman y Whiplash).


Finalizado mi comentario sobre el fenómeno biopic, seguiré con las respectivas criticas del “Código Enigma” y “La Teoría del Todo” (si, si un 2x1).
Inglaterra. Films norteamericanos con acento británico. Universidad de Cambridge. Dos genios del campo científico que cambiaron el mundo. Uno más contemporáneo que otro, pero al fin dos vidas cruzadas por el conocimiento universal y mentes brillantes que revolucionaron el siglo XXI. Alan Turing por un lado, y Stephen Hawkins por otro. Dos “bichos raros”. Dos biopics diferentes, pero con una esencia compartida entre ambas: El constante estilo errático de construcción narrativa.
Y para cerrar con otro dato de color a esta introducción, es necesario decir que no fue casualidad que la cartelera del cine comercial nacional, trajera estas dos películas el mismo día de estreno. Una sala proyectaba “El Código Enigma”, mientras que a unos metros en el mismo cine, simultáneamente pasaban “La Teoría del Todo”. Por supuesto que esta maniobra comercial que tal vez fue pensada para atrapar el atractivo del público hacia estos relatos de vida, no tiene nada que ver con lo puramente artístico que refiere a cada uno de los films.


Comenzando con la primera que vi, “La Teoría del Todo”, puedo afirmar que es la peor de las dos. La película sufre de un foco central y a pesar de que encontramos buenos puntos en las interpretaciones, la trama es debilitada por un guion que no sabe precisamente a donde apuntar. Pareciera que la película es solo la lectura de la historia clínica de Stephen Hawkins, porque el progreso fílmico parece solo tomar fuerza y avanzar cuando la cámara se detiene en registrar los diferentes ataques físicos de la degeneración muscular que sufre el científico a partir de una enfermedad grave y que lo ha postrado en una silla, llegando a perder la capacidad comunicativa oral y ser remplazado por una computadora que transmite sus pensamientos. El director se encargó de retratar primeros planos y acercamientos profundos a la imitación perfecta de la enfermedad mental del protagonista, a través de una ejecución interpretativa excelente por parte de Eddy Redmayne. La película abandona la narrativa de la trama en donde solo podemos sentir una insulsa pena e impresión al observar el proceso de deformación del cuerpo del científico.


La historia de amor melodramática, que pretende ser el eje del relato no logra la fuerza dramática suficiente y lo único más interesante es la tensión sostenible por el triángulo polémico que se conforma con la aparición de Jonathan en la vida del matrimonio de Hawkins y Jane. Algunas frases de grandilocuencia intelectual y emotiva rellenan el relato intentando hilvanar algunos pensamientos interesantes pero que pierde terreno al dejar de lado y no alcanzar la magnitud comprensiva del trabajo científico que hizo Stephen durante toda su vida, y lo convirtió en un reconocido personaje del conocimiento universal. Las teorías producidas a lo largo de su vida son mostradas superficialmente y superpuestas a la intención de reflejar el sufrimiento físico del científico en una incansable lucha por seguir trabajando, pero no prestando demasiada atención o seriedad en lo que pensaba acerca del enigma del universo y las discusiones cuánticas sobre los agujeros negros.
La enfermedad es la protagonista y el eje en donde gira toda la película sin abordar ningún punto específico del amor, la esperanza, el trabajo científico o la fuerza de un personaje que se pasó la vida luchando. Más bien, pareciera que el film estuviera enfocado en la pesadumbre y entereza emocional de Jane Hawkins, interpretada efectivamente por Felicity Jones, como podemos ver en la Taya que sufre el regreso psicótico de Chris Kyle en el biopic patriótico “American Sniper”.


En palabras finales, “La Teoría del Todo”, se visualiza como un filme pretencioso que no alcanza a dramatizar ninguna temática, salvo reflejar la imagen constante de una enfermedad física en la que en ello el actor supo imitar a la perfección, buscando siempre aquello que los jurados aman elegir a la hora de otorgar premios a la actuación, teniendo en cuenta que interpretar patologías es el menú preferido de los Oscar. La teoría de la nada sería el nombre perfecto.


“El Código Enigma” (The Imitation Game) es algo mejor. La historia de este “bicho raro”, protagonizada por Benedict Cumberbatch, enfoca los episodios vividos por Alan Turing, considerado uno de los pioneros en la base científica de la tecnología de la computación, en tres periodos diferentes de su vida. La estructura narrativa se divide en tres fragmentos que se trasladan en el tiempo y dialogan entre sí. Uno dedicado al pasado del científico en Cambridge. El presente y periodo protagonista del filme que registra el trabajo de Alan con el gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial. Y momentos del futuro en donde se visualiza la investigación policial que lo perturba por supuestas acusaciones sobre su homosexualidad. Este tipo de formato narrativo es un tanto menos errático que “La Teoría del Todo” y no solo porque su forma construye una solidez en el relato, sino porque hace al contenido bastante preciso y claro.

La historia ahonda sobre estos tres episodios de la vida de Turing, con la intención de significar dos lecturas socio-culturales particulares como eje central. En primer lugar, los hechos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial se encargan de profundizar el trabajo de Alan Turing con el gobierno, en lo que sería la tarea de romper el Código Enigma. La máquina Engima, era el dispositivo de comunicaciones alemanas que mediante códigos encriptados transmitían los diferentes ataques y movimientos ofensivos hacia el frente de los Aliados. Junto a un equipo de nerds británicos, el protagonista llevara a cabo arduos sacrificios por romper el Enigma y lo que representaría una verdadera lucha del hombre contra la máquina. En esta esfera discursiva de un enfrentamiento de inteligencias, la película logra acercar al espectador la relevancia universal del conocimiento de Alan Turing y su importancia científica para el futuro. He aquí uno de los grandes logros del film: Dentro de esta atmosfera de tensión bélica alejada de los campos de batalla, vemos como en un pequeño laboratorio, en medio de múltiples sentimientos de soberbia, arrogancia, odios internos y resentimientos, se va forjando una teoría que cambiaría el mundo del siglo XX. Durante este fragmento, el director sabe narrar con ciertas dosis de tensión e intrigante atracción las problemáticas vinculadas al fenómeno del “Secreto de Estado” y la paranoia de los espías soviéticos que comenzaba a germinar como una enfermedad nacional ridícula que explotaría años después en la Guerra Fría. Tal como se refleja en el biopic de “Una Mente Brillante” , el trabajo de Turing en el gobierno es perturbado por una red de sucesos de espionaje que son colocados precisamente para romper la esfera dramática que los minutos vienen mostrando y acercarse a unos tonos de thriller policial que son bastante acertados.


Como había dicho, la película sostiene dos lecturas y una de ellas está narrada desde las oficinas de la agencia secreta británica, pero la otra se condensa en una forma narrativa peculiar desde el pasado infantil del protagonista en Cambridge. La segunda lectura se centra en la crítica social y profunda de la homosexualidad como un prejuicio y castigo institucional que el gobierno británico ha instalado desde el siglo XIX en una estúpida tradición conservadora que llego a fallos judiciales inhumanos. La famosa ley de “Indecencia” instalada en una sociedad estrictamente religiosa y asentada en las bases tradicionales del matrimonio, la familia y la heterosexualidad ha perseguido a todos aquellos que se revelaran contra estos determinismos. Es así que en el retroceso a la infancia de Turing, visualizamos la creación del vínculo afectivo con Christopher, su mejor amigo, en donde sentiría un enamoramiento profundo y los signos latentes de su homosexualidad próxima. El fragmento no busca sensibilizar o hacer de la homosexualidad un factor de “victimización”, sino que se permite navegar en una temática que repercutiría gravemente en la vida del científico, precisamente en los hechos mostrados en el otro episodio temporal y que tiene lugar en 1951, años después de la guerra.
Condenado bajo los estigmatizadores artículos de la ley de la Indecencia, el profesor Turing es obligado a someterse a una castración química que disminuya sus impulsos sexuales hacia otros hombres. En esta especie de experimento medico torturador, podemos concebir una crítica apabulladora sobre las leyes tradicionales de la sociedad inglesa. El director ajusta su foco reflexivo haciendo un análisis social del sufrimiento por el que tuvo que pasar un matemático que hasta el día de su suicidio no supo ser reconocido por su gran aporte a la comunidad científica, acentuando la irracionalidad de la lucha contra el “pecado de la homosexualidad” como si fuera una enfermedad biológica.


“¿Sabes porque el hombre recurre a la violencia? Porque nos hace sentir bien”. La genealogía del fenómeno de la violencia humana explicada en este mínimo fragmento, pone en tela de juicio las razones de la guerra y la atmosfera sórdida de los prejuicios sociales y la falta de sensibilidad de un mundo que ha marginado a un montón de “bichos raros” etiquetándolos como enfermos o sanos, de acuerdo a su inclinación sexual. En una de las escenas epilogas del film descubrimos, en esta grieta de crítica socio-cultural, la brillante performance actoral de Benedict Cumberbatch en donde descarga su furia contra el sistema injusto que lo está condenando.


La estructura narrativa goza de puntos bastantes atractivos en sus diferentes temáticas, y aunque el abordaje se hace muy abarcativo y en ciertos aspectos la historia queda estancada, podemos decir que el film dirigido por Morten Tyldum es de lo mejorcito que se ha hecho en las biopic que tenemos este año. Debo destacar la acertada e increíble adaptación de época en cuanto a los vestuarios y puesta en escena como elemento central del plano estético de la película. Seguramente en algunas categorías dedicadas a los diseños estéticos y de las formas, “El Código Enigma” pueda llevarse la tan anhelada estatuilla por la que ha recibido ocho nominaciones.



martes, 3 de febrero de 2015

El Vía Crucis...


Louis Zampiere corre incansablemente. Corre de los que los abusivos compañeros en el colegio. Corre del policía del barrio cuando lo encuentra haciendo travesuras y lo entrega a los azotes de su padre. Corre en la competencia juvenil de su pueblo. Corre en las Olimpiadas. Corre en los campos de concentración japoneses, mientras recibe duros latigazos y golpes macabros. Corre y aguanta. Lo golpean, lo muelen a palos, lo desangran y no se cae. Más incansable que inquebrantable.
La película de Angelina Jolie es una maratón interminable que parece no cansar a su protagonista pero si ahogar a sus espectadores. Esa respiración casi artificial y el aguante de aplomo de Louis Zampieri no llegan a la butaca del espectador y son muy pocos los momentos en donde cambiamos el aire y aguantamos unos minutos más y algunos unos metros más de este agotador biopic norteamericano.


El estilo biográfico y documentalista de las películas industriales de este año, trajo aparejado a la peor de ella en manos de la opera prima en dirección de la afamada Angelina Jolie. Tengo que aclarar que su primer filme goza de algunos puntos altos, aceptables y bastantes buenos desde la perspectiva estética y lo mucho que puede seguir aportándole la actriz hollywoodense a la pantalla, pero que en balance general es bastante floja y errática.

El relato gira en torno a Louis Zampieri, un atleta olímpico italo-americano que sufre los malvados episodios de la década del 40, donde la Segunda Guerra Mundial convierte su vida en un sufrimiento e incansable desafío de vida. El protagonista, interpretado por Jack O’ Connel, decide convertirse en atleta profesional asegurado por el sueño dorado de Las Olimpiadas de Tokio. La inminente invasión nazi y el estallido de la Segunda Guerra Mundial le desviaran el camino de la maratón hacia las Fuerzas Armadas estadounidenses que combaten en territorio japonés.

El equipo de guionistas, en donde se destacan los hermanos Coen deciden fragmentar la dramática vida en tres partes: Un pasado juvenil mediante flashbacks que registran los momentos claves de su desarrollo deportivo y los lazos familiares, la segunda dedicada a los 45 días de naufragio en el Océano tras la caída de su avión junto a sus compañeros Phil y Mac. Y un tercer fragmento, el más enfocado por Angelina Jolie, que retrata las torturas y dolores de su pasaje por un campo de concentración, en donde enfrentara al macabro general del ejército japonés, Matsuhiro Watanabe.


En el primer fragmento con apenas dos retrocesos a la infancia y juventud de Louis, se pueden destacar la relación fraternal con Peter, en donde aprenderá a superar sus límites, fortalecer la creencia en sí mismo y elegir el atletismo como una forma de vida: “El que aguanta, gana”. Y también la educación eclesiástica propagada por un padre riguroso y estricto que fomentara su contacto con la Iglesia como punto central y uno de los más acertados al realizar la lectura del vía crucis de Zampieri. Angelina Jolie falla en no profundizar las miradas a la raíz familiar y en las decisiones que lo llevaron a enrolarse en las Fuerzas Armadas, además de caer en los estereotipos de la familia italiana.

La segunda parte tal vez lograda con más fuerza que la primera, repasa los 45 días de naufragio junto a sus compañeros. Las luchas contra el hambre, los tiburones y el miedo al desequilibrio psicológico sufren de algunos defectos al no llegar a transmitir emocionalmente ninguno de ellos. El enfrentamiento con un avión japonés, junto al peligro acuático de algunos feroces tiburones cobran ciertas dosis de tensión y suspenso bastante interesantes para esta altura del metraje.


Y por último, el fragmento en donde está puesto el énfasis de la trama: El calvario y hostigamiento que sufre el protagonista a manos del cruel ejército japonés. Aquí es donde se encuentra el estancamiento del film y donde se termina de ahogar por completo. Angelina Jolie recurre a una cámara poco estilística en cuanto a la forma y con la mala decisión del reflejo de la violencia y la morbosidad explicita. Tal cual hiciera “12 años de esclavitud” con la historia de Solomon Northup, la directora capta las imágenes más sanguinarias, haciéndose con escenas en donde los golpes copan la mayoría del metraje. El cínico general del campo de detenidos se luce por brindar gratuitamente azotes a Louis, tan solo porque lo mira a los ojos. Esto se repite unas cuentas veces más, pero con algunas rutinas de torturas distintas, como cuando una fila de soldados le destroza la cara a trompadas por enseñarle respeto.


Palazos y golpes destructivos son el condimento por excelencia en el relato y la estrategia que llevara adelante a la trama, reflejando la espalda torturada de un soldado que con mucha entereza y fuerza espiritual, no se cae y está dispuesto a no rendirse a pesar de los azotes de la dolorosa vida que le toco. La violencia no es algo que el cine no haya utilizado nunca o que no sea remunerable, pero en este caso la tortura hacia los “enemigos de Japón” son un elemento demasiado explicito que no hace más que mostrar el dolor de su víctima e incentivo para no decaer. La violencia física es tan vacía que el contenido queda perdido en escenas repetidas hasta el hartazgo pero con cicatrices diferentes en los rostros. Tal vez el enfoque hacia un mensaje de manifestación violenta subliminal expresada desde otras imágenes hubiese sido mejor opción.

He aquí el vía crucis. Esta tradición del mito y el héroe americano que se aprovecha de los hechos bélicos de Estados Unidos para justificarse muestra como un ciudadano corre toda su vida atravesando latigazos infernales a manos de crueles maniobras del destino, pero que no decae ante los malvados infortunios y se levanta entre sus compañeros con una cruz simbólica ante la mirada del torturador, para culminar su proeza y declararse invencible con un grito de liberación. Es sin duda la escena y el momento más logrado de los 137 minutos de la película que le dan total coherencia al título del film. En esta culmine imagen podemos encontrar las mejores secuencias que exprimió el fallido guion, ya que el realismo de las caras carbonizadas por el trabajo esclavo en un campo japonés son mucho mejores que los palazos en la espalda del protagonista.



Angelina Jolie es culpable de esta elección morbosa, pero igualmente se lleva algunos puntos por las partes culmines del relato en donde se puede visualizar más solidez y estética que en los anteriores minutos.  El incansable no cae y termina de vencer por encima de todo. Un mensaje esperanzador lleno de optimismo y algunas técnicas lacrimógenas con la foto familiar en suelo norteamericano redondean una película de claros signos patrióticos que realmente sorprende no ver entre las categorías más fuertes de los Oscar. La monstruosidad y las crueldades de un mundo hostil terminan mostrando la entereza de un personaje que se sale con la suya impartiendo la mirada del perdón y nunca la de la venganza. Jesús alguna vez fue así. ¿Jesús no será norteamericano?


miércoles, 28 de enero de 2015

Una Tormenta de Arena...


Hay una escena en la cuarta misión del frente norteamericano en Irak, en donde los soldados quedan atrapados en una enorme tormenta de arena, mientras se cruza una balacera entre los dos bandos. Este episodio bélico es uno de los mejores de todo el film, principalmente por la acción y suspenso que se inyecta en las pocas visibles imágenes de un enfrentamiento mortal entre iraquíes y norteamericanos. Pero con la descripción de esta escena no pretendo ilustrar una de las partes más logradas de la película, sino que utilizo este ejemplo introductorio para reflejar mi postura en donde Clint Eastwood se metió en esa tormenta de arena, sin visión, disparando sin razón y encima enredado en la que se llama la línea de fuego.


Para aquellos que tal vez no hayan seguido puntillosamente la filmografía de este director, vale decir que su estilo desde sus comienzos se ha destacado por narrar historias que profundizan las cicatrices y heridas abiertas de la bandera norteamericana a lo largo de toda su historia. Empezando con algunos Westerns como “Outlast Josey Wales” y “El Jinete Pálido” (reflejos socio-políticos de la Guerra Civil), los sucesos bélicos de la primera Guerra Mundial, precisamente el enfrentamiento en Iwo Jima, visualizados en ambos lados de la trinchera (“Banderas de Nuestros Padres” y “Cartas desde Iwo Jima”) y sin dejar de lado la perturbación psicológica pos Guerra de Tokio como lo es en la mítica “Gran Torino” , llegando a esta última etapa de su carrera, focalizando los conflictos del siglo XXI, vinculados al terrorismo internacional y el fundamentalismo islámico pos 9-11. De acuerdo al análisis veloz de algunos de sus célebres films patrióticos, se sabe mundialmente que Clint es un fervoroso partidario republicano de la línea blanda, por la cual su visión de los hechos históricos de su nación se percibe claramente por detrás de cámara. Podemos deducir que “American Sniper” se suma a esta lista de miradas críticas sobre los hechos bélicos de Estados Unidos, pero que no llega a la altura de las anteriores obras.  Y por ello debemos ser cuidadosos y criteriosos a la hora de valorar una obra de él, porque generalmente la crítica mundial se arrodilla ante sus películas por tan solo ser considerado un maestro del séptimo arte. Es un error gravísimo el sostener que estos grandes directores, no puedan equivocarse o construir films no tan bien logrados. Hay que desfetichizar ese argumento y analizar cuidadosamente su última película, ignorando por momentos que su autor es un reconocido personaje de la cinefilia mundial. Es un genio, no es perfecto. Puede tener errores.

“American Sniper” es la última película del octogenario director norteamericano, en donde pone en pantalla la historia del soldado más mortal de la historia nacional, arrastrando en su espalda el record de 160 bajas enemigas. Una “Leyenda”, como le dicen sus compañeros. Chris Kyle, interpretado por Bradley Cooper, es el elegido para narrar este biopic que se encuentra en contexto socio-político de la guerra en Afganistán e Iraq, durante la presidencia de Bush, acentuando los sucesos del 9-11 por supuesto.
La primera escena es magistral. El entrenado francotirador se enfrenta a su primer objetivo profesional: Un niño con una bomba que pretende atacar al convoy de marines norteamericano. Tarda unos segundos de profundo dilema moral con la tensión de su dedo en el gatillo, cuando de repente se dispara un flashback a su historia pasada. Es esta secuencia una de las más brillantes de la película, podemos centrarnos en la lectura profunda sobre una genealogía de violencia interna reflejada en la educación familiar de un padre estricto y patriota. La filosofía de las ovejas, lobos y perros pastores son la reflexión más crítica de una sociedad contaminada por la ridícula idea de construir héroes universales a través de la muerte, la violencia y la “justificada” defensa propia. En este veloz relato sobre la infancia del protagonista en el territorio sureño de Texas llegamos a comprender el mensaje subliminal del culto al arma. Allí el niño llevado a cazar por su padre como una tradición familiar y religiosa, idealiza un sentimiento nacional que a lo largo de todo el film parece simbolizado por las repetitivas imágenes de banderas rojas, blancas y azules en muchos planos, pero que en realidad no termina siendo el flameo del trapo norteamericano el icono representativo del nacionalismo, sino que son las armas las que ilustran el apasionado sentimiento patriota, hasta el punto de mostrar en la última escena una actitud poco responsable de Kyle jugando con una pistola de vaquero entre los hijos y su esposa. Pistas para una tragedia futura.


El flashback se apaga y volvemos al minuto cero. A partir de allí, el relato de desarticula y viaja sin solidez ni fuerza, como las balas perdidas en la tormenta de arena. Clint Eastwood despliega desde el campo de batalla muchos hilos argumentales que no llega a expresar con claridad y de hecho son bastantes débiles. Esto se puede ver en los momentos intermedios de las misiones y el “regreso a casa” del letal francotirador. Las supuestas secuelas psicológicas y perturbaciones emocionales o postraumáticas que trae de la guerra no alcanzan a convencer ni se fortalecen como si lo hace el personaje Ira Hayes en “Bandera de Nuestros Padres”. El peso y la atmosfera de sufrimiento constante que cae sobre ese joven que no quiere ser un héroe, muestra con más acercamiento la farsa nacional de mitos patrióticos que estimulan la unión comunitaria o sirven de propaganda militarista. Las vueltas a casa de Chris Kyle no llegan a marcar las lesiones internas de aquel soldado obsesionado por el lema de “Dios, patria y familia”. Más bien se entiende su sentido nacionalista y la marcada educación de defender a los demás como el perro pastor que su padre le ha inculcado. Igualmente el conflicto radica en un guion de pocas luces, estancado y que no permite a Bradley Cooper inyectar una caracterización psicológica más jugada. En ello, la crítica recae sobre la falla de un libreto limitado que no cumple con el correcto estudio interior de los personajes, como si lo hace Miller con sus luchadores en Foxcatcher (Steve Carrel y Channing Tattum principalmente), la otra nominada al Oscar, para citar solo un ejemplo.
En cada imagen de su regreso, se nota como Taya (su esposa) es la que realmente sufre el declive mental de su marido, y prácticamente es ella la que protagoniza la supuesta lesión psicológica de los veteranos de guerra. Se ve en su rostro una especie de espejo de sufrimiento que en el soldado no puede sentirse desde la butaca. El contacto de Chris Kyle con otros veteranos y el sentimiento compartido por aquellos mutilados física y mentalmente parecen ser rasgos de un mensaje desgarrador y feroz que Eastwood ya ha experimentado anteriormente: En la guerra nadie gana. Desde esta perspectiva sus mejores ejemplos se observan en las dos partes de la Guerra de Iwo Jima y en “Gran Torino”. Porque desde “American Sniper”, la moraleja del “todos pierden” queda difusa por un empantanado sendero de balas, tierra y el llanto de una mujer abandonada, sin ningún anclaje político-histórico que ayude tampoco.


Basándome en esto, es que digo que el film abarca dos mundos muy amplios: Uno en el territorio enemigo, y otro en el país, y que en ninguno de los dos llega a cubrir las constantes fallas del guion.
Clint sigue confundido y no sabe apuntar certeramente como si lo hace su protagonista. El dialogo de Snipers profesionales que hay entre Kyle y Mustafa, el francotirador letal del bando iraquí es uno de los puntos más interesantes de los sucesos bélicos, y que sin embargo no llega a ahondar punzantemente, minimizado y reemplazado por vacías imágenes de asaltos a casas o torturas islámicas morbosas. El duelo entre estos asesinos de elite en los techos de la zona de guerra es de un elemento que gozo de poca atención por parte del director y pudo haber sido más atractivo de lo que fue.


Para ir cerrando, tengo que decir que de las nominadas al Oscar es la que menos me gusto. Sin embargo recomiendo verla por dos razones. La primera es que Clint Eastwood es uno de los mejores cineastas independientes que la industria ha largado en el último siglo, además de por supuesto observar toda su carrera filmográfica, a pesar de películas erráticas como esta. Y la segunda es que en “American Sniper” podemos encontrar muchas reflexiones modernas del dolor de la guerra, la fama de un héroe que recibe su título por cada disparo efectivo de muerte y principalmente por el alto precio que hay que pagar por la GLORIA: Un valor que en Estados Unidos solo parece ser meritorio en aquellos que acumulan medallas a igual que litros de sangre en su historia militar.



“La Gloria la encontramos y otras veces no. A veces cae a nosotros con mucha furia. Nadie espera encontrarla. De igual manera es un gesto noble que caiga en nosotros. Mi pregunta es ¿Cuándo esta gloria se vaya en que se convertirá? En una dura cruzada o esperaremos que nos consuma. La gloria nos puede ver vivir, o no puede ver morir”

viernes, 23 de enero de 2015

Sangre, Sudor y Ritmo...


“Whiplash”: Latigazo enérgico que consigue un alto volumen, con tan solo con un golpe. En tan solo esa línea de descripción del término musical podemos resumir el potencial argumento de la película escrita y dirigida por Damien Chazelle. El relato musical de jazz, construido en forma de drama expresa en todo su metraje “un latigazo” enérgico y constante que no para de marcar heridas hasta el último compás.


La película está enfocada en la historia de Andrew Neiman (Miles Teller) un talentoso baterista de 19 años, que pretende ser “uno de los grandes” , estudiando en la escuela Shaffer de Nueva York, prestigiosa por su excelencia musical a nivel internacional. El camino hacia su éxito artístico se topa con la oscura pedagogía de un profesor afamado por su estricta educación de llevar a sus alumnos a límites infrahumanos, presionándolos al máximo para sacar el jugo de su talento. Jack Simmons interpreta majestuosamente a Terence Fletcher, un aclamado músico, amparado por los dispositivos institucionales de la honrada Academia y que se encargara de marcar el camino musical de Neiman rozando el sadismo y el salvajismo como principales elementos pedagógicos.


Todo el film es una atmósfera de presión constante hacia el protagonista. No solo hostigado por los gritos y crueldades de su profesor, sino también por la poca aceptación familiar de su carrera profesional. Estéticamente, Chazelle ha sabido construir ese telón sofocante interior a través de una cámara de planos cortos, en espacios cada vez más reducidos, donde solo quedaban las caras furiosas de Neiman, derramando sangre y sudor sobre los platillos de su batería. Los claroscuros de una pequeña sala de ensayo en su diminuto departamento y el aula donde toca la Orquesta de Estudio son los lugares más frecuentados en la asfixiante trama que no cuenta con muchas escenas de exteriores, pretendiendo sostener un ambiente de poco aire y presión incesante que se ira convirtiendo en un factor de tensión dramática que mantiene expectante hasta el último minuto.




El relato es electrizante y convulsivo. La confrontación de dos mundos contradictorios. La armonía musical de una nota, conseguida con los ensordecedores gritos y cachetazos de un profesor que no se conforma con que sean buenos músicos. Quiere que sean los mejores. Cada momento musical de la película, se convierte en una reflexión constante sobre los límites humanos. ¿Hasta qué punto hay que llegar?. Los latigazos no son explícitos, pero el espectador los siente en cada expresión violenta de Fletcher y que culmina con imágenes de sangre sobre la batería, demostrando que la destreza y la habilidad por cualquier arte debe llegar hasta las últimas consecuencias, sin importar el dolor físico o el sudor que derramemos de nuestro cuerpo.


“No hay palabras más dañinas en nuestro lenguaje que ‘Buen Trabajo’”. Le dice Fletcher a Neiman, sentados en un bar, mientras repasan la historia de Charles Parker (“Bird”), el saxofonista que no fue lo suficientemente bueno hasta que Jo Johnson le arrojo un platillo que lo pudo haber decapitado. En esa frase, descubrimos y comprendemos (no justificamos) las razones de aquel profesor hostil que humilla a sus alumnos, al no conseguir la melodía adecuada o porque no sintonizan con su tempo. Comprendemos que el arte es atlético. Que los grandes se destacan por su perseverancia y entrega total de sus vidas, llegando hasta una obsesión oscura en algunos casos, que llevo al suicidio de muchos artistas.



No puedo permitirme dejar de glorificar los puntos visuales desde la edición y la fotografía. Destacando la compleja tarea de lograr un balance entra la imagen y la magistral linea musical de la banda sonora. El equilibrio armónico del sonido, junto a la precisa organización de planos que va sintonizando con cada compás acústico de batería, es realmente muy logrado desde el trabajo de edición. Y no olvidar la soberbia caracterización de Jack Simmons, merecidisimo ganador del Globo de Oro hace algunos días, logrando una performance actoral increíble.


La película de Chazelle es altamente recomendable y principalmente a músicos que comprenden del oficio del arte, destacando que el relato cumple con la precisión del lenguaje musical que se visualiza en las lecturas de partituras o las órdenes del profesor cuando marca los compases. Por supuesto que ningún público debe quedar afuera de esta obra maestra del cine independiente, que seguramente no ganara los Oscar, pero si ganara muchísimos aplausos de sus espectadores en cualquier sala de cine mundial, que sin dudas es mucho más importante que los votos de un “afamado jurado de Hollywood”. “Whiplash”, al igual que “Inside Llewyn Davies” de los hermanos Coen, es una buena película de música para ver y comprender los secretos detrás del talento, acompañados por una fuerza dramática de estética impecable, y un ritmo acústico sin precedentes. A algunos les va a dar ganas de formar una banda después de verla.





miércoles, 31 de diciembre de 2014

Las mejores 13 del Año!, Si las mejores 13...

El 2014 gente... No voy a comenzar con la nostalgia comun de recuerdos ingratos o hechos anecdoticos que pusieron a este año como algo sumamente especial o contrariamente trágico, para los que no ven la hora de que llegue el final del dia y pegarle una patada en el culo al 2014.
Desde mi perspectiva, el año siempre tiene buenas y malas, y a veces es mejor ver el vaso medio lleno... Los que me conocen lo saben bien a eso.

Dejemos este palabrerio inútil y vamos a lo que nos respecta a esta publicación. Las mejores 13 pelis del año, y digo las 13 porque no me gusta andar copiando los tradicionales top ten, 50, 25 o todas las listas terminadas en números comunes, asi que haciendome el revolucionario seleccione las 13 del 2014. ¿Estan de acuerdo?... And The Colantti's Award Goes to...

13 - MAURO (ARGENTINA, DIRIGIDA POR HERNAN ROSSELLI)



Opera Prima de Hernan Rosselli que llego a las pantallas argentinas con un thriller apasionante que narra como el mas puro Scorsese de Buenos Muchachos, los bajos fondos de la organizacion criminal porteña, a partir de una actividad delictiva jamas vista en cine, como lo es la falsificacion y circulación de billetes. 

12 - ATLANTIDA (ARGENTINA, DIRIGIDA POR INES MARIA BARRIONUEVO)



Córdoba, tuvo el estreno de esta magnifica película, que nos permite explorar en las mas profundos deseos sexuales y la libido juvenil, en un relato maravilloso, entretenido y con una postal sobre el sur cordobés, jamas vista antes.

11 - LA SOSPECHA (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR DENIS VILLENEUVE)


Atrapante film sobre una temática explotada por todos lados en el cine hollywoodense, pero que encuentra en el relato, una tensión dramática y suspenso que nos deja inmovilizados hasta el desenlace, ademas de aplaudir la gloriosa caracterización de Hugh Jackman.


10 - LUCY (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR LUC BESSON)


Belleza intacta y eterna. Scarllet Johanssen cautiva la pantalla con una película llena del mejor cine de accion, pero que pone a una mujer al mando de la revelacion de un enigma universal sobre el origen de los tiempos. La estética de Luc Besson recuerda al maestro Kubrick en 2001, Odisea en el Espacio.

9 - RELATOS SALVAJES (ARGENTINA, DIRIGIDA POR DAMIAN SZIFRON)


Algunos decian que es la mejor pelicula de la historia del cine argentino. No se si es asi, pero si se que Szifron construye un relato feroz y apabullante que narra las mas profundas conductas salvajes del ser humano y hasta donde puede llegar la oscuridad de nuestro comportamiento, en una sociedad agotada por un sistema cruel y cínico.

8 - JERSEY BOYS (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR CLINT EASTWOOD)


Que decir del magnifico Clint. Que decir de un maestro que no tiene limites en su filmografia y que ya ha explorado todos los generos, haciendo en cada una de sus peliculas un retrato excepcional que el cine universal nunca olvidara. Esta vez con un musical dramatizado, cuenta la historia de Frankie Vallie y The Four Seasons, en un film que desempolva la rocola y fraterniza la musica con el cine.

7 - AL FILO DEL MAÑANA (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR DOUG LIMAN)


Una refrescada para el genero de Ciencia Ficcion. Hace mucho tiempo que no se veía una digna pelicula futurista que supiera narrar una historia dinamica que no se exceda de los recursos tecnologicos.  Asi es "Al filo del Mañana", una película solida, sin complejidades y que encima nos pone al Gran Tom otra vez en una actuación ejemplar.


6 - LA VIDA DE ADELE (FRANCIA, DIRIGIDA POR ABDELATIFF KECHICHE)



La pelicula ganadora del Festival de Cannes, expone la historia de amor entre dos mujeres que no solo refleja en su interior un contenido atractivo desde la perspectiva del analisis profundo de la sexualidad, sino que propone una estetica pop de primeros planos maravillosos. La camara de Kechiche lo hace todo.

5 - PRIMICIA MORTAL (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR DAN GILROY)


Ya escribi y avise sobre esta arrolladora opera prima de Dan Gilroy. NightCrawler es un relato filmico excelente que no solo refleja el fondo oscuro del sensacionalismo periodistico, sino que nos conduce a una apabullante critica sobre las tenebrosas y miserables vidas que el capitalismo posmoderno ha vomitado en el siglo XXI, y sin duda Jake Gyleenhaal lo expresa con una actuacion increible.

4 - 7 CAJAS (PARAGUAY, DIRIGIDA POR MANEGLIA SCHEMBORI)


Una radiografía cruda y feroz sobre los suburbios paraguayos, reflejan la historia de un joven que realiza todo por lograr algunos minutos de fama televisiva. Un thriller compulsivo combinado con algunos tintes de humor negro, eleva una vez mas al Cine Latinoamericano, ademas de componer una estetica excepcional.

3 - PERDIDA (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR DAVID FINCHER)


David Fincher nos lleva a los mas oscuros y siniestros infiernos de la psicología humana, acompañado de una minuciosa critica al show televisivo y el sensacionalismo moderno, fascinado por las desapariciones y el femicidio.

2 - EL LOBO DE WALL STREET (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR MARTIN SCORSESE)


Scorsese y Di Caprio vuelven a hacerlo. Una cruda y vertiginosa narracion sobre Jordan Belfort, un hombre exitoso que simboliza el fenomeno capitalista del sueño americano que retrata una vida llena de excesos y las consecuencias del enfermizo exito financiero. Nadie mejor que Scorsese para contarlo, fiel a su estilo.


1 - BOYHOOD, MOMENTOS DE UNA VIDA (ESTADOS UNIDOS, DIRIGIDA POR RICHARD LINKLATER)


La mejor película del año sin dudas. Un relato maravillos que registra la magica naturaleza del tiempo, mostrando como nunca antes en la historia del cine, como un niño de 6 años va creciendo ante nuestro ojos, hasta que lo vemos partir a la universidad con su barba juvenil y su voz grave madura. Linklater el mejor contador de historias.



martes, 23 de diciembre de 2014

Un Cronista Sensacional


“Nightcrawler” (Primicia Mortal en Hispanoamérica), se suma a mi ranking de lo mejor del año y me animo a decir que le pelea los primeros puestos a muchas de las mejores obras filmográficas del año, que dentro del mainstream hollywoodense se encuentran muchas de alto vuelo artístico. “Nightcrawler” no es precisamente perteneciente a aquellos estrenos taquilleros del llamado “mainstream” o tanques del circuito norteamericano al nivel de “Interstellar”, “Perdida” o “Al Filo del Mañana” entre otras, pero ello se da principalmente por los costes de producción y distribución que a comparación de otros films, se encuentra muy por debajo, rozando la tradición independiente o el estilo festivalero autónomo lejano a las estrellitas de un Oscar (que placer que sea así). Esto nos sirve para entender como Dan Gilroy, luego de su trabajo como guionista en “Gigantes de Acero”, se lanza a su carrera como cineasta, escribiendo y dirigiendo su primer film con recursos económicos menores a las superproducciones, y que con ellos construye un relato desafiante, arrollador y con una profunda crítica social, que no solo lo hace poco temeroso a las órdenes del mercado, sino que ahora se le abre los caminos a proyectos futuros sin duda alguna.
La ópera prima de Dan Gilroy, cuenta en su reporte con la selección afortunada del espectacular Jake Gyllenhaal, que se roba literalmente la película con una composición actoral apabullante y siniestra a la vez que nos dejara impactado. Se suman al equipo, la inoxidable Rene Russo y la joven promesa Riz Ahmed.



Louis Bloom, un ciudadano de los suburbios que se pasa las noches robando alambres y cobre que vende por monedas a las constructoras, busca desesperado de cualquier forma conquistar el éxito. Sus caminos son el paseo nocturno en auto por la oscura ciudad de Los Ángeles. Allí en la ruta encuentra su oficio: Un choque fatal sobre el puente lo encuentra casualmente y se para a ver el suceso cuando ve que un camarógrafo registra el sangriento accidente para venderlo a los noticieros. Louis descubre la forma de abrirse paso en un trabajo independiente en lo que se siente habilidoso: Ser proveedor del amarillismo televisivo norteamericano. Luego de robar y vender una bicicleta, consigue su primera cámara y una receptora de comunicaciones policiales que lo pone al tanto de todos los crímenes nocturnos que suceden en los suburbios. Comienza el show.



Nada mejor que la jungla urbana de Los Ángeles para sacar a la luz este fenómeno periodístico que ha intoxicado a la profesión y a la sociedad, desde que las noticias se volvieron un producto de mercado y diseñado como algo atractivo para el consumidor. Dan Gilroy, fiel a su título “Nightcrawler” fija su cámara en la salvaje noche de los suburbios norteamericanos, donde el crimen está presente en cada esquina, y donde la criatura miserable de Bloom se hunde hasta las más profundas miserias sociales, con el objetivo de filmar la sangre de la víctima, o el cadáver que desea el noticiero para su titular del mediodía. Al principio le resulta difícil entrenar “su ojo” para los sucesos que buscan los amarillistas noticieros, además de encontrarse con cierta competencia que al igual que él, son cronistas de fatalidades nocturnas, volviéndose todo un mundo de “profesionales” despreciables. Consigue un compañero de trabajo que lo ayuda a localizar los sucesos a filmar, y así se va perfeccionando en una supuesta estructura profesional de pseudo cronista, en su auto rojo.



Marcar el concepto de “profesional” como primer aspecto analítico del relato es importante. El personaje de Jake Gyllenhaal es un solitario “buscavidas” que se encierra en su departamento a pensar las estrategias de una mejor existencia. A lo largo del film en su ascenso laboral como camarógrafo sensacionalista, construye una ilusión de empresa recaudadora de noticias, en el que se cree el presidente ejecutivo haciendo de las leyes sociales y de la calle, leyes de mercado. La magistral caracterización cínica y psicótica de Jake, dispara mil palabras por segundo donde especifica cuáles son los “tips” del éxito económico, sacados de cursos on-line que le enseñan a diseñar planes de negocios y cuáles son las mejores opciones para construir un emprendimiento independiente. El “American Dream” traducido a algunas pautas de recomendaciones empresariales se convierte en el estilo de vida de Louis Bloom, que considera que así se lograra el ascenso en una salvaje lucha por sobrevivir, en donde el que más se ensucia gana. ¿No es tal vez una síntesis perfecta del capitalismo?. A igual que el Jordan Belfort de “El Lobo de Wall Street”, Dan Gilroy hace de su personaje un monstro despreciable e inmundo vomitado por el más cruel y salvaje capitalismo, pero que lo marca en lecturas más implícitas y con una marcada reflexión audiovisual, que desde mi punto de vista es más meritoria que la abolición capitalista de la última película de Abel Ferrara, “Welcome to New York”. “Los Profesionales” como denomina Mr. Pink a su grupo de mafiosos en “Perros de la Calle” es un elemento interesante que pone en tela de juicio, cual es el camino a recorrer en el toxico camino del exitismo capitalista, donde las leyes del mercado, son las leyes del más fuerte en realidad y que Louis Bloom representa cuando sale a la calle y no le tiembla el pulso para invadir una casa en busca de su primicia, haya muertos en la escena o no (que los haya es lo más probable). Y a raíz de esto, devenimos al periodismo como parte de este salvaje panorama de mercado, en donde los obedecimientos del dinero, pueden más que la ética o la moral, cuestiones que lo hacen a uno realmente profesional.



Es difícil de categorizar al protagonista de “Primicia Mortal” como un criminal o miserable delincuente, pero su etiqueta social cabe perfecta, porque no es alguien que necesita un arma o un cuchillo para convertirse en tal, solo necesita una cámara y ya es suficiente con eso. Para ver lo genial que es el cine y su capacidad de dialogo con otras obras, recuerdo claramente como Mickey Knox, personaje interpretado por Woody Harrelson en la excelente “Asesinos por Naturaleza” de Oliver Stone, en una escena donde en medio de la masacre de la cárcel mira al aturdido y asustado Robert Downey Jr cuando le dice “¿Pero no tengo arma Mickey?”. Entre risas Mickey le responde “Toma. Apunta y dispara con esto”. Le dio una cámara. En estos tiempos posmodernos, como también me refería en la publicación anterior de “Perdida”, la tv refleja toda una realidad distorsionada y constructora de verdades que a veces no sintonizan con la fidelidad de los hechos cotidianos. Y no hay mejor arma que una cámara para manipular esa realidad a través de su lente deformador, luego procesado de manera terrorífica por los jefes de noticias que lucran con el miedo ajeno. Solo basta con apretar REC y es como si jaláramos del gatillo de una magnum.



 “Que un miembro de la clase alta sufra el crimen de un representante de la minoría, es lo que buscamos”. Así le dice la jefa de noticias al novato Bloom cuando le explica, cuál debería ser su “ojo” a la hora de buscar noticias atractivas, espeluznantes y con la cantidad de sangre suficiente para que sea titular y su noticiero sea más morboso que el de la competencia. He aquí el punto más fuerte y logrado del film. El guion de Dan Gilroy, demuestra en pantalla los finos mecanismos de construcción de relato del más puro sensacionalismo mediático. La escena en que Rene Russo va indicando desde el control como deben manipular el discurso, añadiendo frases como “amenaza terrorífica”, “crimen atroz”, entre otras frases que acompañan el montaje visual de cadáveres en una mansión, es sencillamente espectacular. “El miedo de los medios” gana la partida y la sangre que corre en los titulares debe garantizar terror social, y asegurar el seguimiento de los casos y con ello más audiencia y para que luego de alguna forma mágica el medio encuentre la solución a los crímenes de los que supuestamente también son víctimas. La película se mete en la realidad más pura y la encontramos en cualquier hora con la tan sola acción de prender la televisión y sintonizar algún noticiero de la gran industria periodística, porque para que quede bien claro, la obra de Gilroy no es una crítica norteamericana solamente, este es un fenómeno televisivo mundial, y muy preocupante por cierto. Hay un contrapunto genial que me gustaría marcar y que es el de la relación que hay entre la jefa de noticias y el redactor del medio televisivo. Este último marcado por la educación ética y moral del deber informativo que busca la verdad y no la sangre, se convierte en la voz de la conciencia del periodismo para ser condenado y defenestrado por la vereda del frente, donde los que mandan son los directivos editoriales que prefieren tergiversar la historia en pos del rating, abandonando la función social del comunicador.  De acuerdo a estos mandamientos del “frame” y lo que se debe buscar para llegar a los números comerciales esperados, el film se condensa en la reflexión de un drama social que explora los infiernos más bajos del periodismo pero también combina lo mejor del genero de acción, con algunas escenas buenas de persecuciones y disparos, con tintes de humor negro reforzadas en la actuación de Gyllenhaal, además de la cuota del thriller de suspenso que hace al relato más ágil y con una  tensión que mantiene al espectador hasta la frase final.



Por último, no puedo dejar de otorgarle un párrafo a la performance de Jake Gyllenhaal. La evolución psicológica del personaje es de una genialidad absoluta desde lo actoral, principalmente por la perturbadora y cínica cara que me provoco bastante impresión. Su actitud fría y calculadora, toma los trastornos del Patrick Bateman de “Psicopata Americano”, y hasta en algún momento su locura se cruzaba con la sociópata del Robert de Niro de “Taxi Driver”, principalmente en el foco de ser un desecho social de una ciudad tan oscura como la Nueva York que retrato Martin Scorsese en los 70. Es espeluznante y feroz el crecimiento de la conducta psicológica de Louis Bloom, que hasta en algunos momentos no sabemos si reír o ponernos serios por lo que dice o hace.




Una obra sensacional sobre el sensacionalismo, que narra la historia de un cronista de sangre. Recomendable en todos sus sentidos, y sinceramente me costó mucho encontrarle algún punto bajo al film. Si son de esos que no ven películas piratas, les cuento que a costumbre del cine comercial en Argentina, no se encuentra disponible en las salas, asique corran a su video club amigo que seguramente la tiene (pirateada también), pero no olviden ir con el celu y la cámara prendida por las dudas: Tal vez se chocan con algún hecho callejero fatal y se encuentran con la fama repentina al otro día cuando prendan la tele porque su video es el titular del noticiero matutino. 


jueves, 18 de diciembre de 2014

Estar o no Estar, esa es la cuestión...


 
Se me ocurrió realizar una introducción con una anécdota breve antes de mi opinión sobre la última película de David Fincher. Sé que esto de las introducciones puede resultar un poco denso, pero tiene relación con el análisis del film subsiguiente y particular coincidencia, que desde mi punto de vista me pareció buena idea compartir, para que se entienda mejor mi pensamiento con respecto al argumento de la película.

Como algunos saben, soy estudiante de Comunicación Social y en estos periodos epílogos del año, comienzan a correr las dramáticas mesas de exámenes. En este particular Noviembre me tocaba rendir un coloquio de la Catedra “Política y Comunicación”. Un montón de acontecimientos graciosos sucedieron durante mi espera a la última instancia evaluativa del año, que me permitía liberarme por este año de la facultad y disfrutar de mis merecidas vacaciones, pero eso no viene al caso. Si mal no recuerdo, ese día de Noviembre era muy caluroso y estaba desde las 8 de la mañana esperando rendir y bastante desesperado por los minutos que iban pasando lentamente, recién a las 12 fue mi turno de demostrar mis conocimientos de política y que supuestamente había aprendido sobre el agitado segundo semestre de 2014.

El aula vacía y mi profesor bastante cansado como yo, me mira y me dice:
- Profesor: ¿Qué hace por acá nene?
- Yo: Vengo a demostrarle porque estuve sentado todo el cuatrimestre escuchándolo y justificando que aprobé la materia (le digo bastante canchero porque es de esos profes piolas)
- Profesor: (Riéndose un poco) Bueno, siéntese esta última vez a ver si de verdad aprendió algo usted.

Siempre soy sincero en estas situaciones y les cuento que instancias orales nunca me pongo nervioso y me tengo más fe que en un examen escrito. Así de confiado comencé mi exposición sobre el contenido del programa. Para que el lector entienda y se vaya acercando a la razón de esta anécdota sin que dé más rodeos, mi tema a exponer trataba sobre el “Marketing Político” y “Los medios de Comunicación como Videopolitca”.

Abarcando un sinfín de palabreríos conceptuales teóricos y citas de autores varios, comencé mi performance cognoscitiva sobre los temas, que ha decir verdad había leído e interesado bastante. Para referirme precisamente a la idea de las teorías planteadas le digo al profesor:

“Para darle un ejemplo de este fenómeno de mediatización política, uno de los autores nombra el hecho del 17 de octubre de 1945. Por primera vez la televisión argentina registraba a todo un sector popular y obrero ignorado durante años, y al que el sector burgues y de clase media discrimino adjudicándoles el apodo de “cabecitas negras” y “animales”. La mitad del pais no sabía de la existencia de este movimiento popular que estaba surgiendo con Perón. Eran una masa invisible que con la TV se mostraron al país.”

Y para cerrar este ejemplo ilustrativo le tiro una intelectualización teórica que sabe gustarles a los profesores, sobre todo cuando son de esos autores reconocidos y que se cansan de nombrar todo el año durante clase (bien chupamedias lo mío).

“Es prácticamente como decía Beatriz Sarlo en sus teorías profe. ‘ La televisión tiene el poder de visibilizar movimientos sociales ignorados por años, pero también sufre de una memoria efímera, nadie dura mucha tiempo en la pantalla de la tv”.

Con eso dicho pensaba que mi discurso sobre la video política había sido magistral, principalmente con la cita de Sarlo. Pero de repente el profe levanta su mirada y como hilvanando lentamente las ideas escuchadas, pone cara de “acá te largo la pregunta que te duele”. La tensión aumento como si fuera la última pregunta con Sofovich en “Los 8 Escalones”.

-Profesor: De acuerdo a la lógica que usted está diciendo, sobre que la TV es un fenómeno efímero y fugaz. ¿Qué hay que hacer para evitar ello?

La pregunta no la esperaba y en mi búsqueda profunda en el mapa mental de chamuyos automáticos que me sacaran de la presión, no encontraba una respuesta clara y evidenetemente no funcionaba mi silencio dubitativo tampoco asique dije:

-Yo: Eeeem… habría que democratizar el espacio televisivo.
Profesor: No nene, ese palabrerío político que es más mentiroso que el 1 a 1 de Menem, no es la respuesta. Es simple como la lógica de tu tema.

Mas nublado que estos últimos días en Córdoba, mi cabeza no dejaba de maquinar buscando esas palabras “simples”. La respuesta era precisa pero por diversas razones no podía coordinar mis ideas con las que el profesor buscaba que expresara y finalmente dice:

-Profesor: Hay que ESTAR nene. El que ESTA en el medio entonces EXISTE, el que NO ESTA, NO EXISTE. Es simple. Si la cámara se desintereso entonces busca la forma de ESTAR y vas a resucitar, como muchos políticos innombrables, pero algunos muy cobardes desaparecen del medio y es como si hubieran muerto o se los haya olvidado hasta que la televisión decida refrescarlos en alguna otra oportunidad.
Así de simple era. “HAY QUE ESTAR, PARA EXISTIR”. Con esa respuesta resumía todos los conocimientos aprendidos sobre el cuatrimestre de Política y lograba hacerme reflexionar sobre los tiempos modernos que vivimos, en donde la cámara tal vez es nuestra forma más efectiva de aparecer o desaparecer de la realidad pública.
Con esto recién narrado hago entender mi pensamiento sobre “Gone Girl”. Como si David Fincher con su película me estuviera diciendo que con su argumento, podría haber dado mejor el ejemplo de video política en aquel oral. Si la peli la hubiese visto antes, seguro que me ayudaba.

“Perdida” (su nombre traducido para Hispanoamérica), es una de las películas del año, según mi óptica, que viene anunciando cierto olor a Oscar y a Globo de Oro, justificando que este tipo de films siempre gustan a los juzgados de Hollywood. Y que si yo formara parte de ese exclusivo y reducido grupo de críticos/jueces, la pondría en mi lista de 10 mejores del año.

Dejando las predicciones festivaleras del cine, que en si poco hacen al arte cinéfilo, “Perdida” bajo la dirección del oscuro David Fincher está basada en la obra literaria de la autora Gillian Flyn. No está de más decir que la autora de la novela es la guionista de la película, algo para valorar y mucho por su capacidad artística de transferir a un lenguaje cinematográfico, una historia que es bastante compleja y muy difícil de sacar de su formato literario, cuestión que normalmente piensan que es simple cuando se sabe decir “pero no es nada que ver al libro”: Jamás tiene que ser igual al libro, son lenguajes diferentes.



El proyecto cinematográfico de la producción de esta historia no pudo haber caído en mejores manos. El prestigioso director del “Club de la Pelea” y éxitos comerciales y artísticos como “Seven” y la “Red Social”, una vez más suma otra obra de arte a su filmografía, principalmente por su capacidad de explorar en las más oscuras y perversas conductas y psicologías del ser humano, llevándonos junto a sus personajes, a un paseo por el más bajo de los infiernos.
En esa tonalidad oscura y dramática se presenta la historia encarnada por un sorprendente Ben Affleck (Nick Dune) y la revelación actoral de Rosamund Pike (Amy Elliot). Nick y Amy, son un matrimonio aparentemente feliz, hasta que en la mañana de un día cualquiera, Amy desaparece y comienza una búsqueda desesperada, que involucra una intensa persecucion policial llevada a cabo por una sagaz detective, además de un frenesí mediático y cámaras que ponen a la TV como un lugar de critica publica y juicio social.

Es complicado hablar de esta película, sin temer a rozar el Spoiler pero voy a intentar evitarlo así aquellos que no la vieron, al finalizar esta lectura, descargan el torrent o la ponen on-line en su mejor sitio pirata. David Fincher se encuentra con una historia llena de aristas para analizar y por ello tal vez su film sea criticado por sus 145 minutos, que en mi opinión están excelentemente aprovechados. El director parte la trama ficcional en dos partes, volviendo sobre cada una constantemente, en un trabajo preciso de edición que permitirá al espectador ir hilvanando cada situación, como si acomodara las piezas de un rompecabezas enorme. El gran mérito de ello, es que la película va mutando con los minutos y sorprendiéndonos a cada instante, atrapados en una tensión incesante, ya que lo que pensamos que era un drama, se transforma en un policial, luego en un thriller psicológico que deviene en suspenso y cierra con una oscuridad dramática de aplausos.



Al principio el personaje de Nick Dune dice hablando de su mujer: “me gustaría abrir tu cabeza y ver que hay en tus pensamientos…”. Nick Dune no lo logra, pero Fincher sí. El cineasta decididamente explora sobre la perturbada mente de Amy y desde su desaparición misteriosa comienza a diseñar todo un circo de miserias humanas que perturban a Nick, convirtiendo el mismo infierno para él. No solo es Amy, sino que develara las situaciones criticas del matrimonio y una importante mirada sobre la violencia de genero. Veremos a lo largo del metraje fílmico, como se va transformando cada personaje, rozando las situaciones más siniestras y crueles, desenmascarando el lado más oscuro que rompe con esa luminosidad que solo percibiremos al principio.



Y nada mejor que la cámara de Fincher sobre las otras cámaras, para representar ello. Con esto quiero decir que las otras cámaras, las del show televisivo se convierten en el eje central y narradora del caso, hasta superando y distorsionando el trabajo policial. La pantalla chica va mostrando los diferentes rumbos del caso, a igual que vemos los sucesos reales, percibiendo la transformación mediática que pone al sensacionalismo periodístico de fondo para aumentar el drama.
Y de aquí la reflexión central del film: La TV parece ganarle a cualquier juzgado o tribunal federal, ya que la opinión pública se encarga de condenar socialmente a los actores que aparecen en escena, llegando a tal punto de que los abogados y sus clientes se sientan en una mesa a discutir sobre la imagen del acusado, su posición ante la cámara y que es lo que tiene que decir cuando se siente en aquel programa televisivo que ven millones de espectadores. Lejos del estrado o cualquier oficina judicial, los flashes van cambiando la historia según el rating y todo se convierte en un reality show. En el que para ESTAR inmerso, solo hace falta pararse delante de cámara.



“Perdida” es el reflejo social de una comunidad perdida en el circo mediático y que más allá de la sociología que podamos analizar, deja en nuestras retinas una película feroz y desafiante que a más de uno lo impactara (como a mi).“La ultima de Fincher es para verla varias veces “, me decía un conocido cinéfilo hace unos días. Es cierto, porque los enigmas y misterios que desencadena con la construcción de sus relatos, son dignos para no solo disfrutar viéndolos cientos de veces, sino para debatirlo por horas con café de por medio.